sábado, 3 de noviembre de 2007

VIENTOS DE ESPERANZA

Este cuento, escrito por mi amigo Vanzetti, fue enviado a un concurso organizado por la Direccion del Trabajo. En éste describe una pequeña parte de la historia reciente de un grupo de trabajadores y sus empleadores.

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VIENTOS DE ESPERANZA

- A mí, compadre, me gusta mi trabajo-dijo el Tucán. Es cierto que es pesado pero, ¿Qué trabajo obrero no lo es?

Los otros lo miraron en silencio, midiendo y pesando las palabras.

La mayoría eran trabajadores jóvenes. Algunos habían venido del verde eterno del sur de Chile en busca de mejores oportunidades, seducidos por la capital. Se habían encontrado con una ciudad gris que les era hostil y ajena. Su realidad de espacios y cielos abiertos de aire limpio la habían cambiado por departamentos de precarios cuarenta metros cuadrados, copevas o chubis, dónde hasta la intimidad era un lujo. Dónde vivir en la periferia entre guarenes y phillips era difícil para un trabajador honrado.

- Yo no tengo nada contra el trabajo-dijo el Chino- lo que me revienta es la cagá que pagan.

- Yo llevo cinco años en la empresa y gano poco más del mínimo. Ahora que me llegó un cabro chico, con la leche, los pañales, las setenta lucas mensuales que puedo gastar en supermercado al mes no me alcanzan pa' ni una huevá.

- Eso te pasa por caliente Chino-largó el Bigote- con razón los chinos son millones, son todos guenos pa la cuestión.

Todos se rieron, bromeando. Siempre la risa ha sido el bálsamo del alma de los más pobres.

- Lo que es yo, estoy en las mismas-dijo el Chascas-.Llegué a esta fábrica porque no tenía alternativa. Porque no me la pude en la constru.-confesó avergonzado- Me mandaron a trabajar en altura y me cagué en tres tiempos...es que sufro de vértigo...

- Putas Chascas estay sonao –se rió el Bigote- no te van a invitar ni cagando al programa del Lucho Jara. Los demás volvieron a bromear, el Chascas a la tele, la farándula, las minas, sexo, drogas y alcohol, Chascas maricón.

- Un poco más de seriedad, compañeros-habló fuerte el Talibán-Se supone que estamos aquí para organizarnos y hacer alguna huevá. Los patrones nos quieren drogados y alcoholizados pero no organizados-consignó-, lo había visto en un mural de la pobla,- y estamos puro echando la talla mientras nos siguen pagando la misma cagá. No puede ser que por años el reajuste sea el puro IPC y pa más recacha los últimos meses salió negativo... ¿Dónde la vieron ?

- ¿Y qué se te ocurre hacer ?- preguntó el Tucán.

- Formar un sindicato para luchar por nuestros derechos compadre-dijo, militante, el Talibán.

- Shhh., habla más despacio huevón- dijo el Pudeto- las murallas tienen orejas y no falta el sapo culiao.

- Las murallas tienen orejas y las Mireyas tienen ojeras –se rió el Bigote-acordándose de una cabra de la población guena pal cacheteo.

- Córtala Bigote – dijo el Pudeto- esta cuestión es seria. Esa palabra aquí es cómo nombrar al diablo. En esta empresa no ha existido nunca un sindicato en los cincuenta años que tiene de vida.

- Te apuesto que a los primeros que formen el innombrable los cortan de una-dijo el Bigote.
Todos miraron al Tucán. Lo respetaban. Era juicioso, buen compañero, solidario y crack del equipo de fútbol. Además era el más antiguo, lo cual respetaba mucho el Pudeto.

- Los con corbata se andan moviendo, me han contado. Fueron a la inspección del trabajo a averiguar. Tienen los sueldos congelados desde la crisis asiática y los recargaron de trabajo pues ahora administran las otras dos empresas del holding. Cuándo estaba el Canatrán de gerente de finanzas les metió la mula con la promesa de arreglarlos. Después echaron al Canatrán y se olvidó todo-dijo el Pudeto.

- Un sindicato sin obreros no tiene ni un brillo- dijo el Talibán. Nosotros somos los que estamos más cagados. La mayoría ganamos el mínimo. ¿Y quiénes la llevan de los corbata?

- El Viejo, Palacios y Rojas-dijo el Tucán.

- Chuchas- se preguntó en voz alta el Chino- Y qué le pasó al Viejo ¿?... Si hasta animaba las fiestas de la empresa de fin de año, repartía los galvanos y se sentaba a comer al lado de la Dueña.

- Se aburrió de ver tanta injusticia- dijo el Chascas- a mí una vez me contó que cada fin de mes cuándo pagaba los sueldos se quedaba cómo tres días bajoneado al ver lo poco que ganábamos.

Me dijo que en países desarrollados, sin contar a los dueños, los que más ganaban recibían entre seis a ocho veces de los que ganaban menos. Y me demostró que aquí los que ganan más ganan veinte veces de los que ganamos menos.

- Pa mí que el Viejo siempre fue comunista y se hacía el huevón-dijo el Bigote.

- Que va a ser comunista-dijo el Tucán- ¿ No han visto que tiene una estampita del Padre Hurtado en su escritorio?

- Debe ser porque ha estado enfermo-dijo el Chino- Cáncer a la próstata, dicen.

- Canción protesta será-dijo el Bigote

- Con eso no se huevea, Bigote-dijo el Tucán-. Intentemos por última vez conseguir algo por las buenas, nos damos un plazo y si no tenemos respuesta nos unimos al sindicato. Y... cabritos se acabó el recreo. La hora de colación había pasado. Volvieron a sus puestos de trabajo mientras un viento de esperanza soplaba cómo en Septiembre por los patios de la fábrica elevando los espíritus cómo volantín dieciochero.

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La Chabe miró por enésima vez su liquidación de sueldo y sintió al gusano maligno de la angustia dar otro coletazo en la boca de su estómago . No entendía en que momento la vida se le había puesto patas arriba.

Trabajaba en el laboratorio, como analista, cinco años de universidad en Valdivia, lejos de sus padres, orgullosos de que fuera profesional, la primera generación en su familia. Todo eso para volver a mirar la liquidación que no llegaba a los trescientos mil pesos. Muy poco para una mujer sola, con un hijo adolescente y un marido ausente. Dividendo, agua, luz , gas, Almacenes París, Ripley, Falabella, VTR, colegio y ... había que comer.

El gusano maligno de la angustia dio otro coletazo artero y no pudo evitar sentir el sabor salado de una lágrima en sus labios y una sensación densa y amarga en el fondo del alma.

- Todos tenemos problemas, Chabe,-dijo el Gerente-y pensó en la cuota de la 4 x 4 flamante y full equipo y en la Universidad privada de su hijo, cabro flojo de mierda, el había estudiado en la Universidad estatal, en los lejanos tiempos en que no se pagaba un peso, dónde habían estudiado hasta Presidentes de la República. Todo tiempo pasado fue mejor, evocó. Después se acordó de la pesadilla de los tres años de los comunistas y espantó la idea con un manotazo arreglándose el pelo.

- Créame que entiendo su situación-dijo- los años que ha estado con nosotros, su dedicación al trabajo, pero... si le subo el sueldo a uno se me van a dejar caer todos encima y se lo tendría que subir a todos y –titubeó y sus ojos grises parpadearon- usted bien sabe que al final de cuentas la plata no es mía.

La Dueña entró a la fábrica, agitando la melena rubia y taconeando fuerte los Gacel. Ya no los hacen como antes- pensó.

En el sector de producción la esperaban los obreros, polerones azules y pantalones blancos, flanqueados cómo un pequeño ejército en formación, por el Jefe, supervisores y el Gerente.

La dueña pasó revista, la mirada de acero posándose de uno en uno.

Cuándo habló les dijo que les estaba muy agradecida por su esfuerzo y lealtad de mostrada a través de los años y que habían permitido a la empresa salir adelante en el mar convulsionado de los avatares del mercado.

- No puedo comprometerme a nada pues la situación de la empresa no es la que ustedes creen- sentenció.

Les dijo que los tendría presente y que su situación se estudiaría, que había que tener paciencia. Ahora había que trabajar y trabajar pues los clientes eran cada día más exigentes y menos leales. Si no se cumplía a tiempo con los pedidos se pasaban a la competencia y ahí todos se tendrían que ir para la casa, empezando por ella misma.

Les sonrió con la mirada de acero azul enrojecida y húmeda y se marchó flanqueada por su alto mando, el Gerente, el Jefe y los supervisores.

- ¿Qué les pareció el Mejoral pàl cáncer '?- preguntó al aire el Bigote.

Está decidido- dijo el Tucán- vamos a hablar con el Viejo.

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El Viejo les habló agradeciendo el triunfo de su lista en las elecciones sindicales.

Destacó la valentía y el acto de dignidad que significaba vencer los miedos y echarlos afuera, pintarse la cara color esperanza y pensar el futuro con el corazón.

Tenemos que creer que se puede y querer que se pueda- les dijo- y ante unas sonrisas emocionadas se dio cuenta de que estaba plagiando groseramente a Diego Torres.

-La organización ya la tenemos compañeros, ahora tenemos que forjar la unidad-dijo- y entre los aplausos de la asamblea el tiempo daba vueltas de carnero hacia atrás. Y se vio a si mismo cómo un joven dirigente universitario hablando ante una asamblea tensa y multitudinaria ,de camisas amaranto y verde oliva, el 10 de Septiembre de 1973 en los jardines de la Universidad que, entonces no lo sabía, nunca más volvería a pisar.

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La Dueña encendió un cigarrillo más y miró ausente el enorme cenicero circular repleto de colillas. Si pudiera dejar de fumar-pensó. Poseedora de una determinación y una voluntad de acero templado el tabaco era lo único que la doblegaba.

Miró a sus asesores, el abogado calvo y los gerentes.

- Ahora tenemos un sindicato en la empresa y lo que quiero saber es cómo vamos a proceder. En cincuenta años nunca hemos tenido que lidiar con sindicatos, aquí nunca fue necesario un sindicato ni menos entiendo por qué lo formaron ahora-les dijo.

- Yo siempre sostuve que si aquí se formaba un sindicato sería exclusivamente porque nosotros fallamos en algo-dijo el Hermano.

- Ahora han rechazado la oferta de la empresa y estamos en la eventualidad de una huelga- fulminó la Dueña-. Los únicos culpables son los agitadores empezando por el que los dirige. Ha sido cómo estar durmiendo con el enemigo catorce años... jamás me lo hubiera esperado de ésta gente.

Mientras los otros discutían y argumentaban pensó en su padre muerto. Había llegado de Alemania con su mujer, su conocimiento profesional y una capacidad de emprender a prueba de balas. Y ella, a los cuarenta años, era la heredera de un pequeño imperio qué había jurado mantener con todo y a costa de todo, con el rostro bañado en lágrimas , a su padre, enfermo, en el lecho de muerte.

Su viejo, qué dudó entre radicarse en Chile o Argentina y cuyo destino se decidió caprichosamente cuándo alguien lo invitó al estadio y vio jugar a un equipo de pantalón negro y camiseta blanca de nombre indescifrable pero igualito al uniforme de la selección alemana.

- Aquí me quedo- decidió.

Aunque ese domingo de fútbol, su club adoptivo perdió 3 a 1 contra unos enteros de azul. Los goles, jamás lo olvidaría, los había convertido uno chiquito llamado Pedro Araya.

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No hay que darles nada- dijo el abogado calvo- si les das algo los validas y los leales se te meterán en masa al sindicato. Nada de nada, los forzamos a ir a una huelga sin destino y se desarman solos, por inútiles.

Pensó nuevamente en su padre, en los años setenta, en plena Unidad Popular, sus trabajadores y el mismo se habían tomado la fábrica para evitar que lo hicieran los del Cordón Cerrilllos. Y lo habían evitado-

- Y ahora... ¿Qué harías papa?
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En la mesa de negociación la voz cantante, por parte de la Empresa, la llevó el abogado calvo.

- Estamos dispuestos a discutir todo, menos lo que signifique aumentar un peso la planilla mensual de remuneraciones-dijo-.

- Y de qué vamos a hablar entonces- replicó Rojas indignado.

- Le hemos demostrado con papeles que usted paga a los obreros sueldos miserables- dijo el Viejo- Por los balances sabemos que esta empresa puede hacer un esfuerzo y pagar un salario ético a los que ganan menos, mejorar el bono de movilización que está congelado hace diez años. Le estamos pidiendo lo mínimo para evitar la huelga.

- Usted me está ofendiendo, me está tratando de miserable- dijo la Dueña.

- Cambio las palabras, usted paga sueldos precarios que empujan a la miseria a muchos de sus trabajadores –corrigió el Viejo.

- La empresa no está en condiciones de aumentar la planilla de remuneraciones-sostuvo el abogado calvo- aquí todo se reinvierte.

- Novecientos millones de utilidades al año y no pueden destinar lo mínimo para evitar una huelga- dijo alterado y emocionado Rojas- perdónenme pero no los entiendo

- Si no obtenemos nada, sencillamente ustedes nos están sacando el piso y la huelga será inevitable-dijo el Viejo.

No obtuvieron nada.

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La huelga legal fue votada y aprobada por el noventa y cinco por ciento de la asamblea.

El día antes de hacerse efectiva la huelga el Viejo decidió caminar las diez cuadras que separaban su casa desde la plaza de Maipú.

Pensando y pensando entró al Rincón Alemán,-- y repensó- este boliche debería ser considerado cómo templo huachaca. Pidió una cerveza helada y mantuvo una conversación casual y ausente con un parroquiano.

Enfiló derecho por Rinconada y entró al Templo Votivo. Se dirigió, sin dudar, a la nave izquierda dónde estaba el lugar humilde del Padre Hurtado. Se hincó, sacó el rosario que llevaba en el bolsillo y rezó un denario. Cuándo se puso de pié se dio cuenta de que estaba llorando. Una feligresa le dijo que no se preocupara que el Santo lo ayudaría. Ya lo hizo-pensó el Viejo- les dio un espacio de dignidad a muchos que hoy se sienten protagonistas de su destino.

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El día en que hacía efectiva la huelga todos llegaron temprano.

Se ubicaron en una cancha de fútbol abandonada y convertida en pedregal que quedaba en frente de la empresa.

Levantaron la carpa verde del rancho y desplegaron pancartas que decían "Sindicato de Trabajadores en huelga legal" y, más insolente," La empresa gana millones y nos quiere hacer huevones." "Novecientos millones de utilidades y para los trabajadores cero".

El Viejo miró a Rojas, que era un UDI asumido, que observaba atento el despliege de las comisiones de finazas, seguridad y rancho.

- Tantos años compadre discutiendo sobre tu Pinochet y mi Allende para terminar juntos en la calle, en una huelga y tocando el bombo.- sonrió.

- Es la primacía de la realidad – dijo Rojas- la injusticia es transversal no distingue entre pobres de derecha o izquierda.

El Viejo hizo colocar una bandera chilena en lo más alto de la carpa del rancho.

- "Compañeros- dijo- cómo muchos antes de nosotros, levantamos la bandera de la patria para que nos proteja en nuestras demandas. Ustedes, todos, conocen su simbología. El rojo simboliza la heroica sangre araucana y a todos los héroes de la Patria, los que la historia recoge y a los que no. El azul representa a nuestro mar y el blanco a las nieves eternas de la cordillera. La estrella representa la esperanza, al igual que la estrella de Belén significó una esperanza. Y la estrella de la esperanza seguirá por siempre siendo nuestra."

Los pitos, comprados en la calle Meiggs, coloridos, de cumpleaños, empezaron a sonar, los tambores, los tarros de petróleo vacíos, las viejas cornetas plásticas del demoledor tutututú, rescatadas del pasado y salvadas de la requisa que hacían los pacos en el estadio.

El ruido de la protesta remeció al vecindario. Cómo golpes de un ariete pretendiendo derribar el castillo pétreo de la insensibilidad y la intolerancia.

El Viejo miró la bandera y la estrella flameando, acunadas por un viento de esperanza.

La Dueña miró por entre las persianas a los huelguistas, mujeres y hombres que se manifestaban con ruidoso entusiasmo. Sin saber porqué se quedó mirando fijamente la estrella solitaria. El tiempo y el espacio perdieron sentido y se vio a sí misma cuándo niña observando a su padre colocar la luminosa estrella de Belén en la punta del árbol de Navidad.

¿ Qué habrías hecho tú papá ¿?

La soledad le respondió con silencio. Y entonces, lloró.

VANZETTI

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